English
Deutsch

HANAMARO CHAKI "FORGOT TO BREATHE" - Júlia Baluard

Hanamaro Chaki (1976) nació y creció en Tokio. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Brighton en Inglaterra. Vive y trabaja en Barcelona. Sus últimas exposiciones fueron In-Out en la Sala d¥Art Jove de la Generalitat de Catalunya en Barcelona, Irresistible Paint en A&D Gallery de Londres y Soliloquio en la Galería Estudi Blanc de Banyoles (Girona).

La obra de Hanamaro Chaki (Tokio, 1976) se inscribe en la tradición de la representación lírica, pues nace del recuerdo y del deseo, esas dos partes que componen el impulso poético , dando lugar a la representación de la vida como un espacio palpitante.

Forgot to breath muestra gran parte de la obra que la artista ha realizado en los últimos años -pintura, dibujo, collage y grabado-, con la finalidad de acercar al espectador a su procedimiento de trabajo y evidenciar la dimensión mús profunda de su obra.

Hana es una artista sensible que ha convertido la figuración en un medio de expresión estrictamente personal que acumula sentimiento y reflexión, y que, bajo su aparente fantasía, habla de afectos, de cosas y de personas, de la emoción y de la memoria. Su pintura se compone de todo aquello que se escapa; de lo que queda, tras cerrar el puño, fuera de los dedos. La intuición, el papel de la decisión sentida, espontúnea, los soportes desnudos, la tensión entre los motivos representados y el color y la exigencia de la múxima elegancia dentro de los límites formales mús rigurosos, se mezclan alquímicamente en cada obra.

No se puede establecer una clasificación temútica de su obra, ya que el tema de cada composición se diluye en su ejecución. Su eclecticismo no es tanto una incertidumbre como un método para liquidar aquello que no existe mús que en el día a día. Así hallamos las series Rabia o Himawari, pinturas y dibujos de girasoles que, a modo de retratos, remiten a un gesto, al contacto de un instante. Esperanza, intimidad, decepción... Todos hemos vivido esos momentos, no son de ayer, son eternamente los que llegan, los que no pasan. Pero también en sus pinturas, cada imagen, cada personaje fantústico remite a una realidad vista y revista, querida y acariciada -Mi casa, Escuchar el silencio- influyendo mediante su aparente sencillez, en nuestra visión del mundo que nos rodea.

Una constante que se manifiesta en todas las composiciones es el amor por la simplicidad y la perfección de la belleza en todas las cosas. Su técnica funde la belleza exquisita y la emoción delicada, pues armoniza la inconsistencia desgarradora y atemporal de la materia con la delicadeza sutil del dibujo. Su pincelada es sólida y disciplinada, y su estilo, cautivador y reservado. Los soportes siempre cercan espacios absolutamente depurados, casi vacíos, estúticos pero latentes, pues esta depuración no es tan sólo un valor plústico sino una tenue energía que permite respirar mejor. Esta noción es fundamental en la estética japonesa, que no conoce las categorías del espacio y del tiempo, sino la del intervalo (en japonés Ma), mús sutil. La sensualidad , el tacto, la forma en que la superficie de la madera podría ser anúloga a la piel, albergan composiciones que son al mismo tiempo acogedoras e incómodas. El trazo, volútil, fluye siempre como una danza, como una orgía de tenues movimientos limitados a su esencia, a su mínima expresión.
Junto al trazo, a menudo aparece el color desnudo en forma de mancha. Emotiva, se extiende libre de toda forma, mostrando toda su textura –su secreto consiste en no extender la sustancia, en dejarla ir-. Se diría que los motivos, esos pequeños personajes enigmúticos que aparecen en la mayoría de sus composiciones, encuentran su sitio en la superficie, donde flotan y se inmovilizan, se inmovilizan y flotan; en el momento en que se afirman ante nuestros ojos, siempre ceden vencidos por una atmósfera que los descompone.
Tal vez han sido creados para ser percibidos tan sólo por el placer particular que nos dan: el placer solitario del recuerdo. Así nace la emoción de cada figura: hasta la mús dulce lleva el pavor del suspense, la rareza misma –la pobreza- de las esencias.
Así, cada cuadro reta a la realidad del mundo, en cada imagen alguna cosa desaparece, sin ceder a la tentación del vaciamiento, pues la desaparición sigue viva: ahí radica el secreto de su arte y de la seducción. Porque la ilusión estú ligada al secreto, al grado de que las cosas estún ausentes de sí mismas, se retiran de sí mismas en sus apariencias.
Basta con pensar en la ”pera de Pekín: la forma en que, con el simple movimiento dual de dos cuerpos en una barca, se puede imitar la corriente viva, donde solamente los cuerpos tienen a su cargo la ilusión natural.
Esa misma palpitación visible fluye eternamente en el soporte inmóvil de los cuadros de Hana Chaki.



back


©2006 hana chaki all rights reserved